viernes, junio 26, 2015

Happy Pride!




"The gay sensibility has always shaped heterosexual culture, a fact that the straight community is only now beginning to notice and admit [...]

Without the artful influence of gay men, our American landscape can seem like a wasteland, like one giant Wal-Mart, or Disney World. Would I want my daily life to resemble a bad version of Superbowl Sunday? It’s too frightening to contemplate..."

Cathy Crimmins, How the Homosexuals Saved Civilization (2005)

martes, abril 07, 2015

Granada, Anáhuac, Irrigación will never be el Nuevo Polanco

Regina George, Mean Girls - Meme


Stop trying to make "la nueva Polanco" happen! It's not going to happen!

sábado, enero 10, 2015

El "miedito" al islam

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Coma Suspensivos (www.comasuspensivos.com.mx) en octubre de 2014. Lo reproduzco aquí porque la página fue hackeada en enero de 2015.

A propósito de los recientes atentados a Charlie Hebdo...

El "miedito al islam

No hace mucho, estando en el extranjero, tuve una discusión con un amigo francés mientras hacíamos un viaje por carretera. Él hablaba, con orgullo, cómo en su país la ley que prohíbe a las personas cubrir sus rostros en espacios públicos es una muestra más de cómo el Estado garantiza la laicidad  en sitios comunes, puesto que esta ley de 2010, además de cascos y máscaras, también prohíbe utilizar hijabs, burkas y otras prendas usadas por las mujeres musulmanas.
Según la mayoría de los franceses, portar este tipo de indumentaria en público, además de peligroso porque puede ocultar a potenciales agresores, es una manera de manifestar abiertamente una religión, algo que debe practicarse en privado.

Mi respuesta, y la de otros amigos presentes, fue que esta ley nos parecía discriminatoria. “No sé si prohíbe también a las monjas católicas usar sus atuendos característicos”, comenté. “Además, quisiera saber si con esta ley multarían también cualquier mujer que, imitando el look de la princesa Grace Kelly, cubriera su cabeza con una mascada Hermès y la mitad de su rostro con un par de lentes oscuros Chanel

“No es lo mismo”, murmuró mi amigo un poco molesto, y la discusión acabó. Pero me quedé pensando cómo en el mundo occidental* tenemos bastantes prejuicios sobre las personas musulmanas. De hecho (continuando con Europa) desde 2002 el Observatorio Europeo de Racismo y Xenofobia (hoy Agencia Europea de Derechos Fundamentales) ha reportado un incremento de la discriminación contra personas musulmanes dentro de la Unión Europea desde los atentados del 11 de Septiembre.  Esto aunque la no discriminación religiosa está protegida por distintos tratados internacionales como la Declaración universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y, en ese continente, por la Convención Europea de Derechos Humanos. 

Asimismo, en este lado del Atlántico, una encuesta de la compañía Gallup aplicada en los Estados Unidos en 2012, reveló que un 43% de los habitantes de ese país tienen prejuicios contra las personas musulmanas, más que contra cualquier otro grupo religioso.

En 1978 el profesor palestino-estadounidense de la Universidad de Columbia, Edward Said, publicó su famosa obra “Orientalismo” en la que explica cómo las potencias colonialistas europeas crearon una imagen generalizada, exagerada y tergiversada sobre lo que es “el Oriente”: Esa región exótica, inferior si se contrapone con el “civilizado” Occidente, en la que se encuentra lo árabe salvaje y lo musulmán arcaico.

Es cierto, desde niños estamos expuestos a una serie de mensajes erróneos sobre lo que es el Oriente. Ahí están, por ejemplo, las caricaturas y películas infantiles como Duck Tales y Aladdin que nos muestran una región desértica con camellos, bailarinas vestidas con velos semitransparentes, hombres avaros y ambiciosos con grandes machetes; pirámides y cuevas que esconden momias y tesoros; oasis con tigres y elefantes, etcétera. 

Así, al crecer, vamos adoptamos ideas generalizadas como que todo el Medio Oriente es árabe y que todo lo árabe es musulmán y que en todas las zonas musulmanas se practica la poligamia; a las mujeres son obligadas a ir cubiertas y las intercambian por camellos;  que a los ladrones les amputan las manos y a los adúlteros los flagelan.

Este “miedito” a lo que entendemos como oriental-árabe-musulmán ha aumentado en los últimos años a raíz de una serie de acontecimientos internacionales como los ya mencionados atentados del 11 de Septiembre, la guerra en Afganistán e Irak, la Primavera Árabe, el conflicto en el norte de Malí y más recientemente el surgimiento del Estado Islámico en Siria e Irak.

Me da la impresión de que en este lado del mundo estamos percibiendo al islam como una nube negra que amenaza la seguridad global. Algo así como cuando en la época de la Guerra Fría se hablaba del comunismo como un ente maligno tipo La Mancha Voraz que se iba expandiendo y ocupando cada vez más zonas. 

Sin embargo, si bien es cierto que en algunos países musulmanes se han establecido gobiernos dictatoriales teocráticos en los que estado de derecho se basa en la llamada ley sharia es muy importante entender que una cosa es lo que se encuentra en textos religiosos y otra lo que cada quién entienda de esos textos. 

Por eso la sharia, que es más bien un código de conducta a nivel personal que un sistema de justicia, ha sido reinterpretada de distintas maneras por algunas sociedades y en algunos países ocurren esas atrocidades contra los derechos humanos que en Occidente amamos condenar: mujeres cubiertas por la fuerza, muertes por lapidación, flagelaciones, amputaciones, matrimonios con menores de edad, penas de muerte por sodomía, etc.

Si a alguno de nuestros gobernantes en este lado del mundo se le ocurriera tomar como ley oficial los mandamientos o los códigos de conducta del Viejo Testamento de la Biblia, probablemente cometeríamos actos similares: padres copulando con sus hijas, mujeres lapidadas en la caseta de la autopista México-Cuernavaca por no denunciar una violación, gente encarcelada por comer hamburguesas con queso, niños sacrificados por hacer un berrinche a sus papás en el Sam’s Club, ciudades sin restaurantes Fisher’s, etc.

También es importante entender que una cosa es el islam y otra las tradiciones culturales que ya existían en cada país antes de que se adoptara esta religión. Algunos musulmanes explican, por ejemplo, que en la región de Arabia desde mucho antes de la llegada del islam las mujeres ya de por sí tenían menos derechos que los hombres. Por otro lado, si lo pensamos bien, en muchos países de Occidente todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzar la verdadera equidad de género y respeto absoluto a los derechos humanos.

El islam, al igual que el cristianismo (en sus distintas ramas) promueve la adoración de un solo dios, la oración, la purificación y tranquilidad del alma, la familia, las buenas relaciones con los semejantes, etc. Asimismo, respeta la libertad de cultos, condena los castigos corporales a los niños, garantiza el derecho de las personas a elegir con quién casarse y considera pecado que una mujer no se eduque.

Sobre el tema de la guerra y el terrorismo, el islam tiene principios específicos similares al Derecho Internacional Humanitario como no atacar mujeres, niños ni ancianos, no dañar edificios, ni atacar a personas que se dedican a los servicios religiosos. Para esta religión, iniciar una guerra va contra los mandatos de Alá y la famosa yihad, explican los musulmanes letrados, más que una guerra armada, hace referencia a la lucha interna o el esfuerzo que cada persona tiene que pasar para mantenerse dentro de la fe islámica, construir una buena sociedad y defenderse de la opresión.

Desde luego, como mencioné, una cosa es la religión pura y otra cómo ésta se ha interpretado por alguna institución y se ha tomado como referencia para regir la vida de algunos ciudadanos. Recordemos, como comparación, que en el pasado en varios países de Europa y Latinoamérica el catolicismo fue la religión oficial y se adoptó la misión de extenderlo por todos lados, incluso mediante la guerra.  La Iglesia controlaba casi todos los aspectos civiles y políticos e ideó crueles métodos para castigar a los infieles.

En tiempos más modernos también han surgido grupos radicales cristianos como los Sons of Freedom de Canadá, la Christian Identity de los Estados Unidos y el Ejército de Resistencia del Señor en el norte de Uganda; así como personas fundamentalistas, como el noruego Anders Behring Breivik responsable de los ataques en Isla Utoya y Oslo de 2011, donde murieron 77 personas.

En México, actualmente podemos observar todavía una gran influencia de la moral judeo-cristiana en la Política y el Derecho. Por ejemplo, en algunos estados del país se han propuesto leyes para prohibir que las mujeres no muestren partes de su cuerpo en oficinas gubernamentales, para prohibir el aborto o que las parejas no expresen afecto en público. En 2010, por ejemplo, se supo que el gobierno de Jalisco, aliado con la Iglesia Católica, estuvo financiando a una organización civil que aseguraba tener la “cura” contra la homosexualidad y, en 2012, ocurrieron los disturbios en la comunidad cristiana de Nueva Jerusalén, Michoacán, en la que los habitantes demolieron e incendiaron dos escuelas públicas por considerarlas diabólicas.

Para Said, el constante acecho de Occidente ha provocado que en muchos países árabes y musulmanes hayan surgido movimientos radicales anti Occidente y anti Estados Unidos  y muchos gobiernos al sentirse acosados han optado por reprimir a sus ciudadanos, utilizando discursos religiosos y nacionalistas, impidiendo que en estos Estados se desarrollen ideas laicas sobre la historia y el desarrollo humano. 

Si bien, la postura de Said puede considerarse autocompasiva, sí es cierto que hay una constante de Occidente de querer alinear al resto del mundo para que adopten ciertas ideologías y políticas y, en el caso del mundo musulmán se puede notar que en los discursos políticos se refieren con frecuencia a que es una zona que requiere “modernizarse”, “liberarse” y “democratizarse”.

Llama la atención, por ejemplo, que se condene tanto lo que pasa en las regiones árabes-musulmanes-orientales y que en las últimas décadas haya habido tantas intervenciones para llevarles la “paz y libertad”, que haya acusaciones constantes contra el “hostil” Irán y que relativamente rápido se hayan formado coaliciones para desmantelar al grupo terrorista Al-Qaeda y detener al Estado Islámico, pero que haya poca voluntad internacional para atender casos como el del Sahara Occidental o el de la población civil palestina.

Pero el objetivo de este texto, más que hacer un análisis político, es invitarnos a todos a no generalizar acerca de una religión y estilo de vida. Gente loca y fundamentalista existe en todas las etnias, creencias y nacionalidades. No es justo rechazar y condenar a todos los seguidores de una religión por culpa de algunos grupos que dicen cometer atropellos en el nombre de ésta. (A los mexicanos tampoco nos gusta que nos asuman perezosos, irresponsables ni que nos asocien con el narcotráfico, por ejemplo).

En cuanto a mi experiencia, he tenido la oportunidad de conocer personas musulmanas de muchos países y puedo decir que me parecen bastante coherentes entre lo que profesan y sus actos cotidianos. Jamás me han tratado de imponer sus creencias; nunca han invadido mi Facebook con imágenes tipo “Alá te ama”; no me han criticado por beber alcohol ni por mis gustos y preferencias personales; tampoco han ido a tocar la puerta de mi casa en domingo a las 7:00 de la mañana para hablarme de la vida y obra de Mahoma; y mucho menos han ido a tronar petardos de madrugada frente a mi edificio durante alguna de sus celebraciones.

*El término “Occidente” hace referencia generalmente a Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y ,a veces, Japón; sin embargo algunos autores piensan que regiones como Latinoamérica, por su condición de excolonia europea y por compartir gran parte de la ideología, valores y orientación religiosa de sus madres patrias, también deberían considerarse parte de la civilización occidental.

viernes, enero 09, 2015

Dejemos ya de engrandecer a idiotas

Este artículo fue publicado originalmente para la revista Coma Suspensivos (www.comasuspensivos.com.mx) el 3 de enero de 2015. El sitio web fue hackeado unos días después.

Ha sido el texto de mi autoría que más difusión ha tenido.

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Dejemos ya de engrandecer a idiotas

Por: @molletito

Una de mis mejores amigas dice que la otra cosa para que los mexicanos somos buenos, además de para inventar excusas, es para engrandecer pendejos; es decir, inflarle el ego a personas que carecen de intelecto o talento, pero que tienen alguna característica llamativa, como atractivo físico, dinero, actitud egocéntrica o comportamiento gracioso.
Si bien es natural que el ser humano admire a otras personas por su trabajo, habilidades o postura ante ciertos temas, en ocasiones nos volvemos aduladores de gente que carece de méritos y les dedicamos parte de nuestro tiempo y atención, pero, sobre todo, les otorgamos cierto poder y derechos que no siempre merecen.


Claro, el engrandecimiento de idiotas no es un fenómeno exclusivo de México. Nuestro vecino del norte, por ejemplo, es un semillero de gente sin oficio ni beneficio que se vuelve famosa al instante, desde mujeres ricas que hacen estupideces en reality shows, como Kim Kardashian y Heidi Montag, hasta adolescentes que se vuelven fenómenos virales por “estar guapos”, como Alex Lee, el trabajador de una tienda Target, cuya cuenta de Twitter se volvió internacionalmente conocida luego que una cliente compartió una foto de él. El hemisferio sur, por su parte, tiene casos como el de Guilherme Leão, un vigilante del Metro de São Paulo que se volvió celebridad debido a su supuesto atractivo físico y que ahora, gracias a que cientos (¿o miles?) de personas en todo el mundo han alimentado su ego, piensa que tiene potencial para volverse actor de tele y teatro.


En México nos encanta inflarle el ego a cualquier persona que dé la impresión de ser superior en algo, ya sea que cumpla con los estándares actuales de belleza, que sea lo suficientemente segura de sí misma como para pensar que tiene talento o que posea algunas influencias como un cargo político o un empleo en los medios, en el mundo de la moda o hasta en el antro más popular del momento.


Quizá por eso aquí se le llama “artista” a cualquiera que salga en la tele por estar musculoso o güerito y tal vez por eso nuestro país es una plataforma para que despegue toda clase de pseudoactores y pseudomúsicos extranjeros, porque aquí hay gente dispuesta a darles sus cinco minutos de fama y crearles clubes de fans.


Pero idiotas engrandecidos no sólo hay en los medios y el mundo del glamour, el fenómeno ocurre en todos los niveles. Están, por ejemplo, los compañeritos de clases hijos de la maestra o la directora que siempre están rodeados de otros niñitos que buscan obtener un poco de su influencia y protección. También están los galancitos del gimnasio o de la colonia, los graciositos de la oficina o las “socialités locales”, quienes por ser físicamente agradables, por su posición socioeconómica o por hacer chistes todo el tiempo se convierten en un tipo de liderzuelos a quienes sus seguidores les permiten imponer modas, emitir opiniones o hasta cometer faltas, como dejar desordenado un espacio común, no entregar a tiempo su trabajo, saltarse clases o llegar tarde a sus compromisos.


Las redes sociales han permitido un boom de personas de bajo intelecto que se vuelven medianamente famosas de la noche a la mañana. Y, aunque hay gente talentosa y experta que aprovecha bien estas herramientas para difundir su trabajo y conocimientos, también existe un catálogo amplio de youtubers, vinestars y tuitstars que se han vuelto celebridades produciendo comedia simple o sencillamente subiendo fotografías de ellos mismos, aprovechando que hay una gran cantidad de personas dispuestas a reafirmarles todo el tiempo lo muy divertidas y lindas que son.


PERO, ¿POR QUÉ NOS GUSTA ENGRANDECER A GENTE ESTÚPIDA? 


Pues, según Lauren Martin, de la revista Elite Daily, las personas idiotas glorificadas provocan en nosotros una mezcla de envidia y admiración, ya que, sin el mínimo esfuerzo, han conseguido tener todo o algo de lo que nosotros en secreto deseamos. Carecen de habilidades, inteligencia, cultura o talento, pero aun así tienen atención, atractivo físico y hasta dinero, mansiones y autos de lujo. Por eso celebramos lo que hacen, pero también nos da morbo y placer verlos en sus peores momentos.


Parece que eso lo sabía bien Imelda Marcos, primera dama de las Filipinas de 1965 a 1986, quien justificaba sus excesivos gastos y gustos extravagantes afirmando que tenía que verse como “un millón de dólares”, porque los pobres no respetan a los que ven iguales a ellos, pues necesitan tener estrellas a la cuales mirar desde sus barrios marginados. Tan segura estaba de sí misma que, cuando acabó la dictadura de su marido, unos años después regresó al país reanudando su carrera política.


Nos gusta, pues, admirar a personas fútiles con pose altanera y despreciar a quienes identificamos como iguales. Por eso convertimos en diva a una actriz mediocre como María Félix y halagamos su supuesta belleza y aplaudimos su actitud déspota, pero criticamos al “chairo” que interrumpió la entrega de los Premios Nobel de la Paz por “lucidito” y “payaso”. Quizá por eso ponemos atención a todo lo que Carlos Slim, “el gran hombre de negocios”, tenga que decir, pero criticamos y nos burlamos de las Marchas por la Paz del “farsante” de Javier Sicilia.


Lo grave de inflarle el ego a personas idiotas, dice Lauren Martin, es que además de volverlas ricas y famosas a costa nuestra les damos poder y derechos inmerecidos, o sea, les hacemos creer que son mejores que nosotros y que su opinión y presencia es más importante que la del ciudadano común. Es así que muchas de estas personas han llegado a pensar que tienen la capacidad y autoridad para aconsejar cómo deberíamos comportarnos o cómo debería funcionar el mundo.


En 2006, la exmodelo y estrella de reality shows Kimora Lee Simmons publicó Fabulosity, un libro de “autoayuda” con consejos sobre cómo llegar a ser alguien glamoroso y carismático como ella. Heidi Klum es autora de Body of Knowledge, en el que enseña a otros cómo alcanzar sus metas en la vida, y Kim Cattrall, de la serie Sex & The City, lo es de los manuales Sexual Intelligence y The Art of the Female Orgasm. Por su parte, Pippa Middleton, hermana de la duquesa de Cambridge, tiene una columna de recetas de cocina en una revista de un supermercado británico; Lauren Conrad, también protagonista de reality shows, tiene un sitio web con consejos de moda y recomendaciones de libros; y Armando Lavandeira, más conocido como Pérez Hilton, se hizo famoso por su blog de chismes de celebridades, que es hoy una fuente informativa reconocida

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En Latinoamérica, la cantante y actriz de telenovelas Thalía escribió un libro con consejos de belleza; Yordi Rosado, conductor de televisión y radio, es co-autor de publicaciones de orientación para adolescentes y padres; el comediante Eugenio Derbez incursionó hace poco en el cine “serio” y acaba de regañar públicamente a quienes pedían no donar al Teletón; el policía “guapo” de Brasil ha usado su cuenta “oficial” de Instagram (conformada por fotos de él mismo) para opinar sobre la política en su país; el actor de cine y telenovelas Arath de la Torre escribió una vez que “urge legislar” sobre el uso de las redes sociales, pues ya cualquier naco puede insultar a un famoso; y la cantante-actriz María Conchita Alonso ha declarado, desde la comodidad de Miami, que Estados Unidos debería intervenir en Venezuela para liberarla del gobierno comunista.


Desde luego, cada quien es libre de opinar y publicar lo que desee, pero debemos pensar si son ésos los consejos y opiniones que necesitamos y merecemos y si ésas son las personas que deben tener reconocimiento, porque gracias a nuestro gusto por engrandecer a idiotas, hemos permitido que en nuestro país una mujer que confunde surimi con tsunami grabe discos; que una de las co-protagonistas de la telenovela “Rebelde” publique un libro de poesía, y que al inventor de la chiripiolca se le considere un genio, mientras la comunidad artística, científica y deportiva recibe poco o nada de apoyo y atención.


Es importante que recapacitemos si estamos admirando a las personas correctas o si nada más estamos adulando y glorificando a quienes no deberíamos, y el llamado no es por envidia ni es una defensa de la censura, es porque el país y el mundo no están para que convirtamos en líderes de opinión y modelos a seguir a personas cuya única aportación al mundo son sus pedas y cogidas en reality shows, sus telenovelas, sus videochistes reciclados o sus selfies en ropa interior.


En 2012 permitimos que un hombre, cuyo desempeño como político ha sido severamente criticado, llegara a la presidencia por “estar guapo”, acompañado de su esposa, estrella de telenovelas. Debemos pensar si queremos que el siguiente paso sea convertir en primera dama a la intérprete de Corazón de bombón y, si es así, entonces de una vez podríamos colocar al Werevertumorro a cargo de Relaciones Exteriores y a William Levy en el Conaculta.

viernes, octubre 10, 2014

¿Cómo detectar si una empresa es chafa?

Al buscar empleo, nos exponemos a una cantidad impresionante de anuncios, llamadas, vacantes y entrevistas con reclutadores. Si bien, no son tiempos para ponerse de exigente, particularmente cuando uno está desempleado, también hay que procurar, en la medida de lo posible, encontrar un empleo en un lugar donde se nos valore por nuestras habilidades, que respete nuestro derecho a una vida personal y donde el ambiente esté adecuado.

Liz Ryan, columnista de Forbes, dice que hay que hay que quitarnos esa idea de que las empresas, a través de sus reclutadores, nos están "haciendo el favor" de darnos trabajo o de considerarnos candidatos para ser trabajadores para ellos. Somos seres humanos con habilidades que quizás sean la solución a un problema grave en una compañía, no mercancía que se valora según su edad o sus características físicas y psicológicas particulares.

Los reclutadores tienen, pues, que aprender a seleccionar a sus candidatos según lo que saben y pueden hacer y no según su sueldo anterior o si son poco sociables, pandrosos o se pasan de cierta edad. Ryan diría que, si no te contratan porque no puedes responder "¿cuál es tu peor defecto?" o "¿cuánto te pagaban antes?", pues, ¡qué bueno! porque ¿quién quiere trabajar para alguien que piensa así?

En fin, ¿cómo detectamos que una empresa es chafa, o sea un lugar donde no nos gustará trabajar?:


  1. !!!ESCRIBE SUS ANUNCIOS DE VACANTES ASI!!!
  2. Pide que le envíen los C.V. "con foto" y limita el puesto a un sexo o un rango de edad
  3. El personal se refiere a los jefes como "licenciados..", "ingenieros" o cualquier otro título
  4. El personal va forzosamente vestido de traje y corbata
  5. Hacen exámenes psicométricos a los candidatos
  6. Preguntan al candidato cuánto ganaba en su puesto anterior y otra información irrelevante como con quién vive y sus creencias religiosas
  7. Piden al futuro trabajador "disponibilidad de horario" que "sepa trabajar bajo presión" y otras características vagas como "proactivo", "tolerante a la frustración" y con "buena predisposición y compromiso laboral"
  8. Tienen bloqueado el acceso a ciertos sitios en Internet como Facebook y Youtube
  9. Piden que el candidato tenga "vehículo propio", que "cuente con cartera de clientes" o que aporte cualquier otro recurso personal para poder trabajar.
  10. Piden que el candidato sepa llevar acciones con bajo presupuesto.
¿Se les ocurre algo más?