sábado, enero 10, 2015

El "miedito" al islam

Este texto fue publicado originalmente en el sitio Coma Suspensivos (www.comasuspensivos.com.mx) en octubre de 2014. Lo reproduzco aquí porque la página fue hackeada en enero de 2015.

A propósito de los recientes atentados a Charlie Hebdo...

El "miedito al islam

No hace mucho, estando en el extranjero, tuve una discusión con un amigo francés mientras hacíamos un viaje por carretera. Él hablaba, con orgullo, cómo en su país la ley que prohíbe a las personas cubrir sus rostros en espacios públicos es una muestra más de cómo el Estado garantiza la laicidad  en sitios comunes, puesto que esta ley de 2010, además de cascos y máscaras, también prohíbe utilizar hijabs, burkas y otras prendas usadas por las mujeres musulmanas.
Según la mayoría de los franceses, portar este tipo de indumentaria en público, además de peligroso porque puede ocultar a potenciales agresores, es una manera de manifestar abiertamente una religión, algo que debe practicarse en privado.

Mi respuesta, y la de otros amigos presentes, fue que esta ley nos parecía discriminatoria. “No sé si prohíbe también a las monjas católicas usar sus atuendos característicos”, comenté. “Además, quisiera saber si con esta ley multarían también cualquier mujer que, imitando el look de la princesa Grace Kelly, cubriera su cabeza con una mascada Hermès y la mitad de su rostro con un par de lentes oscuros Chanel

“No es lo mismo”, murmuró mi amigo un poco molesto, y la discusión acabó. Pero me quedé pensando cómo en el mundo occidental* tenemos bastantes prejuicios sobre las personas musulmanas. De hecho (continuando con Europa) desde 2002 el Observatorio Europeo de Racismo y Xenofobia (hoy Agencia Europea de Derechos Fundamentales) ha reportado un incremento de la discriminación contra personas musulmanes dentro de la Unión Europea desde los atentados del 11 de Septiembre.  Esto aunque la no discriminación religiosa está protegida por distintos tratados internacionales como la Declaración universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y, en ese continente, por la Convención Europea de Derechos Humanos. 

Asimismo, en este lado del Atlántico, una encuesta de la compañía Gallup aplicada en los Estados Unidos en 2012, reveló que un 43% de los habitantes de ese país tienen prejuicios contra las personas musulmanas, más que contra cualquier otro grupo religioso.

En 1978 el profesor palestino-estadounidense de la Universidad de Columbia, Edward Said, publicó su famosa obra “Orientalismo” en la que explica cómo las potencias colonialistas europeas crearon una imagen generalizada, exagerada y tergiversada sobre lo que es “el Oriente”: Esa región exótica, inferior si se contrapone con el “civilizado” Occidente, en la que se encuentra lo árabe salvaje y lo musulmán arcaico.

Es cierto, desde niños estamos expuestos a una serie de mensajes erróneos sobre lo que es el Oriente. Ahí están, por ejemplo, las caricaturas y películas infantiles como Duck Tales y Aladdin que nos muestran una región desértica con camellos, bailarinas vestidas con velos semitransparentes, hombres avaros y ambiciosos con grandes machetes; pirámides y cuevas que esconden momias y tesoros; oasis con tigres y elefantes, etcétera. 

Así, al crecer, vamos adoptamos ideas generalizadas como que todo el Medio Oriente es árabe y que todo lo árabe es musulmán y que en todas las zonas musulmanas se practica la poligamia; a las mujeres son obligadas a ir cubiertas y las intercambian por camellos;  que a los ladrones les amputan las manos y a los adúlteros los flagelan.

Este “miedito” a lo que entendemos como oriental-árabe-musulmán ha aumentado en los últimos años a raíz de una serie de acontecimientos internacionales como los ya mencionados atentados del 11 de Septiembre, la guerra en Afganistán e Irak, la Primavera Árabe, el conflicto en el norte de Malí y más recientemente el surgimiento del Estado Islámico en Siria e Irak.

Me da la impresión de que en este lado del mundo estamos percibiendo al islam como una nube negra que amenaza la seguridad global. Algo así como cuando en la época de la Guerra Fría se hablaba del comunismo como un ente maligno tipo La Mancha Voraz que se iba expandiendo y ocupando cada vez más zonas. 

Sin embargo, si bien es cierto que en algunos países musulmanes se han establecido gobiernos dictatoriales teocráticos en los que estado de derecho se basa en la llamada ley sharia es muy importante entender que una cosa es lo que se encuentra en textos religiosos y otra lo que cada quién entienda de esos textos. 

Por eso la sharia, que es más bien un código de conducta a nivel personal que un sistema de justicia, ha sido reinterpretada de distintas maneras por algunas sociedades y en algunos países ocurren esas atrocidades contra los derechos humanos que en Occidente amamos condenar: mujeres cubiertas por la fuerza, muertes por lapidación, flagelaciones, amputaciones, matrimonios con menores de edad, penas de muerte por sodomía, etc.

Si a alguno de nuestros gobernantes en este lado del mundo se le ocurriera tomar como ley oficial los mandamientos o los códigos de conducta del Viejo Testamento de la Biblia, probablemente cometeríamos actos similares: padres copulando con sus hijas, mujeres lapidadas en la caseta de la autopista México-Cuernavaca por no denunciar una violación, gente encarcelada por comer hamburguesas con queso, niños sacrificados por hacer un berrinche a sus papás en el Sam’s Club, ciudades sin restaurantes Fisher’s, etc.

También es importante entender que una cosa es el islam y otra las tradiciones culturales que ya existían en cada país antes de que se adoptara esta religión. Algunos musulmanes explican, por ejemplo, que en la región de Arabia desde mucho antes de la llegada del islam las mujeres ya de por sí tenían menos derechos que los hombres. Por otro lado, si lo pensamos bien, en muchos países de Occidente todavía queda un largo camino por recorrer para alcanzar la verdadera equidad de género y respeto absoluto a los derechos humanos.

El islam, al igual que el cristianismo (en sus distintas ramas) promueve la adoración de un solo dios, la oración, la purificación y tranquilidad del alma, la familia, las buenas relaciones con los semejantes, etc. Asimismo, respeta la libertad de cultos, condena los castigos corporales a los niños, garantiza el derecho de las personas a elegir con quién casarse y considera pecado que una mujer no se eduque.

Sobre el tema de la guerra y el terrorismo, el islam tiene principios específicos similares al Derecho Internacional Humanitario como no atacar mujeres, niños ni ancianos, no dañar edificios, ni atacar a personas que se dedican a los servicios religiosos. Para esta religión, iniciar una guerra va contra los mandatos de Alá y la famosa yihad, explican los musulmanes letrados, más que una guerra armada, hace referencia a la lucha interna o el esfuerzo que cada persona tiene que pasar para mantenerse dentro de la fe islámica, construir una buena sociedad y defenderse de la opresión.

Desde luego, como mencioné, una cosa es la religión pura y otra cómo ésta se ha interpretado por alguna institución y se ha tomado como referencia para regir la vida de algunos ciudadanos. Recordemos, como comparación, que en el pasado en varios países de Europa y Latinoamérica el catolicismo fue la religión oficial y se adoptó la misión de extenderlo por todos lados, incluso mediante la guerra.  La Iglesia controlaba casi todos los aspectos civiles y políticos e ideó crueles métodos para castigar a los infieles.

En tiempos más modernos también han surgido grupos radicales cristianos como los Sons of Freedom de Canadá, la Christian Identity de los Estados Unidos y el Ejército de Resistencia del Señor en el norte de Uganda; así como personas fundamentalistas, como el noruego Anders Behring Breivik responsable de los ataques en Isla Utoya y Oslo de 2011, donde murieron 77 personas.

En México, actualmente podemos observar todavía una gran influencia de la moral judeo-cristiana en la Política y el Derecho. Por ejemplo, en algunos estados del país se han propuesto leyes para prohibir que las mujeres no muestren partes de su cuerpo en oficinas gubernamentales, para prohibir el aborto o que las parejas no expresen afecto en público. En 2010, por ejemplo, se supo que el gobierno de Jalisco, aliado con la Iglesia Católica, estuvo financiando a una organización civil que aseguraba tener la “cura” contra la homosexualidad y, en 2012, ocurrieron los disturbios en la comunidad cristiana de Nueva Jerusalén, Michoacán, en la que los habitantes demolieron e incendiaron dos escuelas públicas por considerarlas diabólicas.

Para Said, el constante acecho de Occidente ha provocado que en muchos países árabes y musulmanes hayan surgido movimientos radicales anti Occidente y anti Estados Unidos  y muchos gobiernos al sentirse acosados han optado por reprimir a sus ciudadanos, utilizando discursos religiosos y nacionalistas, impidiendo que en estos Estados se desarrollen ideas laicas sobre la historia y el desarrollo humano. 

Si bien, la postura de Said puede considerarse autocompasiva, sí es cierto que hay una constante de Occidente de querer alinear al resto del mundo para que adopten ciertas ideologías y políticas y, en el caso del mundo musulmán se puede notar que en los discursos políticos se refieren con frecuencia a que es una zona que requiere “modernizarse”, “liberarse” y “democratizarse”.

Llama la atención, por ejemplo, que se condene tanto lo que pasa en las regiones árabes-musulmanes-orientales y que en las últimas décadas haya habido tantas intervenciones para llevarles la “paz y libertad”, que haya acusaciones constantes contra el “hostil” Irán y que relativamente rápido se hayan formado coaliciones para desmantelar al grupo terrorista Al-Qaeda y detener al Estado Islámico, pero que haya poca voluntad internacional para atender casos como el del Sahara Occidental o el de la población civil palestina.

Pero el objetivo de este texto, más que hacer un análisis político, es invitarnos a todos a no generalizar acerca de una religión y estilo de vida. Gente loca y fundamentalista existe en todas las etnias, creencias y nacionalidades. No es justo rechazar y condenar a todos los seguidores de una religión por culpa de algunos grupos que dicen cometer atropellos en el nombre de ésta. (A los mexicanos tampoco nos gusta que nos asuman perezosos, irresponsables ni que nos asocien con el narcotráfico, por ejemplo).

En cuanto a mi experiencia, he tenido la oportunidad de conocer personas musulmanas de muchos países y puedo decir que me parecen bastante coherentes entre lo que profesan y sus actos cotidianos. Jamás me han tratado de imponer sus creencias; nunca han invadido mi Facebook con imágenes tipo “Alá te ama”; no me han criticado por beber alcohol ni por mis gustos y preferencias personales; tampoco han ido a tocar la puerta de mi casa en domingo a las 7:00 de la mañana para hablarme de la vida y obra de Mahoma; y mucho menos han ido a tronar petardos de madrugada frente a mi edificio durante alguna de sus celebraciones.

*El término “Occidente” hace referencia generalmente a Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y ,a veces, Japón; sin embargo algunos autores piensan que regiones como Latinoamérica, por su condición de excolonia europea y por compartir gran parte de la ideología, valores y orientación religiosa de sus madres patrias, también deberían considerarse parte de la civilización occidental.

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